El verano estalla con furor y la naturaleza se manifiesta con toda su fuerza. Nos esperan días calurosos y de arduo trabajo, en donde los cauces brindan un gran alivio al meter nuestros pies cuando toca regar.
Al final de cada día, atardecer y noche frescas invitan a descansar a la luz de la luna que dibuja sombras fantasmagóricas, o contemplar las estrellas en noches sin ella, iluminadas solo por el titilar de las luciérnagas.
En esta época habrá que continuar la lucha contra plagas y maleza, aumentar la frecuencia de los riegos y realizar la cosecha de los frutos que se extiende desde noviembre hasta casi hasta el final del verano.
Primero serán las rojas y dulces cerezas, a las que se le sumarán los damascos y luego duraznos y ciruelas y hacia el final del verano, las peras.
| Cerezas |
| Damascos |
| Duraznos |
El granizo amenaza continuamente, pero también los vientos arremolinados y las lluvias torrenciales que les siguen. La profunda belleza de los cielos tormentosos contrasta con su amenaza. La naturaleza expresa su poder.
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